Puedes viajar sola, tienes el derecho

Llevaba años rondando entre mis sueños y el miedo siempre me detenía. Miedos y sus miedos. Esas voces que gota a gota, día tras día, se introducían en el consciente dejándote claro de que el mundo era peligroso y no era bueno viajar sola. Aún así, el charco no se hacía grande y mi deseo de abrir las alas era más fuerte. Aún recuerdo las dudas incesantes, que me detenían a dar el primer paso. Pero, ¿eran mis dudas o las del resto? Rememoro y puedo revivir en mis carnes la euforia que tenía cuando decidí viajar al otro lado del mundo con la mejor compañía, mi mochila. Ese día en voz alta me dije: “Puedes viajar sola, tienes el derecho.”

Gané la batalla a esos miedos ajenos, que los hacía ser míos. Comencé a sentirme más libre. Comencé a creer en mí. Cerré mis oídos a palabras torturadoras que frenaban mi sueño y me llamaban valiente por seguir mis deseos. Las dudas a un nuevo mundo, la búsqueda de información y la preparación de un largo viaje; habían eliminado cualquier obstáculo para abrirme camino en una nueva aventura.

Puedes viajar sola

Des del momento que mi decisión se manifestó a los cuatro vientos y mi sonrisa de oreja a oreja  que delataba mi felicidad; no tardaron en salir las preguntas y afirmaciones típicas. ¿Cómo vas a ir sola? ¿De qué vas a vivir? ¿No te da miedo? Estas loca. Otros, me brindaban el apoyo y justificaban sus miedos con excusas de no haber tenido la oportunidad o nunca era el momento.

¿Te has preocupado el resto del año de qué vivo? Entonces, ¿por qué preocuparse de los comentarios del resto? Nadie dicta a nadie. Cada cuál elige su vida. Tener hijos, el trabajo o la carrera, si quieres un perro o  prefieres un gato, gastarse el dinero en miles de cosas innecesarias; pero nadie da la opinión o es juzgado por ello.  En cambio, al parecer cuando se trata de viajar y ya por descontado una mujer, se toman el derecho de opinión con demasiada confianza.

Me embarqué en mi aventura…

El día que comenzaba mi viaje, des del minuto 0, me embarqué en mi aventura y me probé a mi misma. Fuera de la zona de confort en un terreno totalmente extraño, unas costumbres bien diferentes y unas tradiciones bien arraigadas. Me aventuré donde el machismo aún esta mucho más latente, donde en cada calle la mujer trabaja mucho más duro y no tiene el mismo derecho. Donde la voz masculina predomina y la de ella no es escuchada.

“Recordad que el secreto de la felicidad está en la libertad, y el secreto de la libertad, en el coraje”  Tucídides

Viví historias de terceras personas y propias de momentos que me hacían hervir la sangre. Donde la injusticia era tan evidente que me era inevitable darle la espalda. Presencié manifestaciones por unos derechos, que ellos mismos pisoteaban. Caminé por lugares donde me preguntaban que hacía sola y afirmaban la necesaria presencia de una figura masculina.

Aprendí…

Aprendí a probar sin miedo, a descubrir en solitario y desafiarme a mi misma, para lograr aquello que deseaba tanto. Viajar sola, era y es una de las mejores decisiones que tomé en mi vida. Ir con cautela y poner la línea si era necesario. Armarse de valor no era fácil y  llegar a alcanzar sueños, tampoco. Como dice mi amiga Coni: “Lo que necesito yo es un buen libro”, a esas voces masculinas con intentos de seducción que nos dicen que es necesaria su figura.

Aprendí a traspasar mis límites y probar cosas que nunca había hecho. A trabajar en sitios impensables porque me sentía que no era capaz de ello y probé. Aprendí el valor de lo que tengo y a quiénes quiero, a decir SI o sus NO y a eliminar aquello tóxico para darme valor a mi misma.

Tú decides…

Al largo de nuestra vida se toman decisiones, no siempre son las más acertadas y por ello, no son sentenciadas. Tenemos la suerte de vivir en un punto del planeta, donde decidimos que comemos, que queremos hacer y porque. Entonces, ¿por qué no puedes viajar sola? Dicen que no hay triunfo si uno no arriesga. Y te aseguro, que no te vas arrepentir del riesgo. Viaja sola, si es lo quieres. Decide tú misma y echa a volar.

Afortunadamente, cada vez se unen más viajeras a buscar su compañía propia y a luchar contra estereotipos y prejuicios inculcados de una sociedad machista.  Que gota a gota, fue introducida en nuestras cabezas. Un aprendizaje social que desde bien pequeños se nos es inculcado, sin dar la menor sospecha de que no es justo, correcto e igualitario. Como Irene, una viajera que se encuentra en México.

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